La circulación masiva de datos pone en peligro la privacidad y las libertades individuales

Las redes 5G que se están implantando por toda Europa pueden proporcionar a los ciudadanos urbanos una vida sostenible, menos tráfico y una seguridad rigurosa, pero la tecnología también puede suponer un terreno proclive a la vigilancia masiva. 

Desde un estilo de vida sostenible, pasando por menos tráfico, una conectividad más rápida y hasta seguridad rigurosa, entre otras atractivas posibilidades: las soluciones que prometen las ciudades inteligentes han dado paso a una oleada de optimismo y a una carrera para implementar de forma generalizada la tecnología 5G con la que funcionarán.

Sin embargo, si bien estas perspectivas parecen atractivas a simple vista, no puede tomarse a la ligera la amenaza social y política que implica el polémico aspecto de la privacidad de estas ciudades y su vulneración de las libertades públicas. 

No cabe duda de que las soluciones digitales podrían mejorar algunos indicadores de la calidad de vida entre un 10 y un 30 por ciento , según McKinsey. Entre ellos se incluyen aspectos como las emisiones de gases de efecto invernadero, que podrían reducirse entre un 10 y un 15 por ciento, mientras que la delincuencia podría reducirse hasta un 40 por ciento.

Las ciudades suponen grandes amenazas medioambientales, puesto que consumen el 78 por ciento de la energía mundial y generan más del 60 por ciento de los gases de efecto invernadero, tal y como se recogía en un informe de ONU-Habitat, a pesar de suponer menos del 2 por ciento de la superficie del planeta. 

Así pues, ya que se espera que dos tercios del mundo viva en comunidades urbanas para 2030, aumenta el apoyo a una mayor integración tecnológica que ayude a enfrentarse a los desafíos que planteará esta situación. 

Las ciudades inteligentes nos parecen una posibilidad atractiva, a través de la instalación de miles de sensores en toda el área urbana que se conectan a una nube común que, a su vez, traduce los datos de la población para encontrar soluciones en tiempo real para su gestión diaria y su crecimiento futuro.

Sin embargo, dado que grandes empresas tecnológicas con dudosos antecedentes en lo que respecta a privacidad de datos están en la primera línea de estos centros que supervisan, almacenan y adaptan cada movimiento de los ciudadanos, las ciudades inteligentes se sitúan en una polémica frontera entre la comodidad y la libertad.

El escándalo de Cambridge Analytica que sacudió a Facebook y los sesgos ideológicos de Google publicados por exempleados convertidos en delatores han generado un debate generalizado en Norteamérica sobre la posible necesidad de romper con los gigantes tecnológicos por su transgresión en aspectos de privacidad, expresión y democracia. 

Waterfront Toronto, un proyecto de ciudad inteligente de Sidewalk Labs, filial de Alphabet, la empresa matriz de Google, ha sido objeto de críticas contundentes por la privacidad y la recopilación de datos, lo que hizo que muchos miembros del comité de dirección abandonaran el proyecto.

Roger McNamee, uno de los primeros inversores en Google y Facebook, afirmó a funcionarios de Toronto que los datos obtenidos sobre los usuarios en este proyecto en Quayside tienen capacidad para “sustituir la democracia con decisiones basadas en algoritmos” y “es una visión distópica que no tiene cabida en una sociedad democrática”.

Si bien existe un considerable escepticismo sano al otro lado del charco, la aparición de ciudades inteligentes basadas en 5G en Europa procede casi exclusivamente de China, a través de Huawei, su gigante de comunicaciones móviles, que también está acostumbrado a polémicas similares.

Estados Unidos está desarrollando 40 ciudades inteligentes, menos del 4 por ciento del total mundial, mientras que China está desarrollando 500, casi la mitad del total mundial, lo que ilustra la ventaja que saca Pekín al resto de países en esta carrera. 

Comodidad a costa de libertad: ¿podrá Europa encontrar el equilibrio?

En julio, Catherine Chen, vicepresidenta sénior de Huawei, anunció que la empresa había firmado 50 contratos comerciales de 5G, 28 de los cuales con contratistas europeos que son fundamentales para el establecimiento de ciudades inteligentes en Europa.

Duisburgo, una ciudad en el oeste de Alemania, con una población de algo menos de 500 000 personas, es la última ciudad en volverse 'inteligente' gracias a una asociación con Huawei, que transformará esta ciudad industrial tradicional en una “ciudad inteligente orientada a los servicios” para ayudar en el gobierno, la logística portuaria, la educación, la infraestructura y los hogares. 

Se están planteando proyectos similares en toda Europa con el dominio de Huawei en la red 5G. En Grecia, Huawei comenzó a invertir en 2005 y ahora posee una cuota del 50 por ciento del mercado de equipos de telecomunicaciones. Mientras, 15 grandes ciudades de España, incluidas Madrid, Barcelona, Valencia y Sevilla, utilizarán estaciones base de Huawei a medida que realizan la transición para convertirse en ciudades ‘inteligentes’. 

Según Euractiv , 240 ciudades europeas con poblaciones superiores a los 100 000 habitantes han realizado progresos para convertirse en ciudades inteligentes.

Países como Eslovaquia y Hungría también han declarado su intención de contar con Huawei como proveedor de 5G tras disipar sus temores de seguridad, aunque Serbia es el país que ofrece la visión más cruda del aspecto intrusivo de las ciudades inteligentes basadas en 5G que suplantan a su nación anfitriona para imponer un área altamente vigilada con la promesa de seguridad y protección.

Un caso de atropello con fuga que se produjo en Belgrado se convirtió en el desencadenante de la implementación del sistema de alta vigilancia de Serbia en colaboración con Huawei. Cuando se arrestó al autor del delito en China gracias al software de reconocimiento facial, la ya sólida relación de las dos naciones se reforzó aún más para la creación de ‘ciudades seguras ’. 

Este acuerdo dio paso a la instalación de 1000 cámaras de alta definición que utilizan software de reconocimiento facial y de matrículas en 800 ubicaciones de Belgrado, aunque aún no se ha aplicado la ley serbia que regula el área de la evaluación del impacto de la protección de datos. 

Precisamente por esto generan tanta preocupación las ciudades inteligentes, ya que las empresas que proporcionan los datos básicamente examinan los asuntos de protección y privacidad de los datos, por encima de la legislación nacional. 

Los vínculos de Huawei y el Gobierno de China pueden exponer a las democracias liberales a ciberataques, espionaje, autoritarismo digital y guerra de información a través de la red 5G y las ciudades inteligentes que se basan en ella.

“Debido al desarrollo y, por consiguiente, a la complejidad de la tecnología, es inevitable crear asociaciones público-privadas para mantenerse al día con las ideas y los sistemas de vanguardia”, escribe Clara Alves Rodrigues en su documento revisado por expertos ‘Digital Gangsters - Are Big Tech Giants Challenging Democracy?’ (Mafiosos digitales: ¿los gigantes tecnológicos son un desafío para la democracia?).

“En consecuencia, el Gobierno actúa más como un intermediario, adquiriendo y organizando los servicios del sector privado. Por lo tanto, la protección de los derechos humanos queda en manos de quien ha diseñado la ciudad inteligente. Por ejemplo, el derecho a la privacidad solo se puede conceder a los ciudadanos de las ciudades inteligentes si está integrado en la tecnología que las rige, para producir privacidad por diseño”. 

Esto no es solo una proyección hipotética, porque el esbozo de lo que se puede conseguir ya se ha puesto en práctica en China. Los campos de ‘reeducación’ en Xinjiang, la provincia en el extremo oeste de China, con puntos de control policiales, reconocimiento facial, registro biométrico, etiquetado GPS, videovigilancia y supervisión de las comunicaciones es un Estado de vigilancia de alta tecnología plenamente desarrollado en el que se encuentran encarcelados alrededor de 1,5 millones de musulmanes uigures.

Esto se añade al sistema de crédito social de China, que clasifica el comportamiento de sus ciudadanos y restringe el acceso al transporte y a buenos puestos de trabajo, entre otras cosas, a aquellos que no cumplen los estándares. 

A finales de 2018, se denegaron 5,5 millones de viajes en tren de alta velocidad y 17,5 millones de vuelos a viajeros que se encontraban en una lista negra. Solo en julio de 2019, China impidió que 2,56 millones de “entidades desacreditadas” adquirieran billetes de avión y que 90 000 compraran billetes de tren.

Guerra fría tecnológica entre Estados Unidos y China

Esto no solo supone una amenaza en el ámbito individual, sino que plantea la posibilidad de que surja un foco de tensión geopolítico a las puertas de Europa entre las dos superpotencias más grandes del mundo. 

Las medidas drásticas frente a Huawei de la administración de Trump es parte de una guerra comercial más amplia entre EE. UU y China, pero también se debe a las preocupaciones sobre el supuesto espionaje llevado a cabo por la empresa y otras amenazas de seguridad nacionales. Si bien Estados Unidos parecía tener antes el apoyo de sus amigos europeos debido al riesgo de intervenciones estatales extrajudiciales, desde entonces Reino Unido, Alemania, Francia y Países Bajos han cambiado de opinión

Sin embargo, en septiembre, Polonia asestó un duro golpe a Huawei al firmar un acuerdo con Estados Unidos para reforzar la cooperación sobre tecnología 5G y, aunque no se mencionaba directamente a la empresa china de telecomunicaciones, la declaración conjunta lo insinuaba al señalar la necesidad de "una evaluación completa y detenida de los proveedores de software y componentes de 5G”.

Mike Pence, el vicepresidente estadounidense, afirmó que el acuerdo de Polonia con Estados Unidos sobre tecnología 5G "serviría de ejemplo vital al resto de Europa". 

Por consiguiente, la carrera del 5G, y las ciudades inteligentes que implica, va mucho más allá de la elección del proveedor de la red, puesto que, de forma directa o indirecta, es un indicio del posicionamiento de la nación a favor de Estados Unidos o de China que afectará a todo en un futuro próximo, desde los negocios hasta la vida diaria.

Para 2024, alrededor del 40 por ciento de la población mundial y unos 22 000 millones de dispositivos, desde coches hasta frigoríficos y desde teléfonos móviles hasta semáforos, estarán conectados a la red 5G, lo que cambiará por completo nuestro modo de vida. 

Una amenaza para la democracia

La vulneración de la democracia que demostró Google con su manipulación algorítmica antes de las elecciones presidenciales estadounidenses de 2016 dio la voz de alarma sobre las capacidades y las intenciones de las grandes empresas tecnológicas cuando su poder crece demasiado o no se cuestiona.

Por ello, en las ciudades inteligentes, en las que estas mismas empresas se convierten en mucho más que en meros proveedores de redes o de motores de búsqueda, poseen todos los aspectos de los datos personales de los individuos y son árbitros de comportamientos, se crea un terreno proclive en el que estos gigantes tecnológicos no solo pueden influir en los votos, sino también moldear a la humanidad a su antojo.

El problema no estriba en las posibilidades tecnológicas, sino en quién codifica estas ciudades y con qué fin. 

El deseo de resolver algunas cuestiones urgentes de la vida urbana está justificado y por ello las ciudades inteligentes basadas en tecnología resultan atractivas.

Pero las prisas por subirse al carro del 5G han hecho que se subestimen de manera peligrosa las amenazas en cuestiones como la privacidad personal y la democracia. 

13 octubre 2019

Autor/es:

Andreas Vou

Fuente/s:

VoxEurop

Translation by:

Sara Fernández | VoxEurop
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