Europa y los partidos antisistema

Antes de las elecciones europeas, los populistas ganan terreno en numerosos países. Pero sus eslóganes no funcionan en todos los sitios. ¿Hacia dónde avanzan? ¿Qué es lo que les hace peligrosos?

En España, un partido de extrema derecha accede al Parlamento por primera vez desde la dictadura de Franco. El destino de Grecia está en manos del populista de izquierda Alexis Tsipras. Y, en Alemania, AfD es la primera formación de derecha radical que surge en el paisaje político desde la Segunda Guerra Mundial.

Los populistas y los euroescépticos de todas las tendencias políticas triunfan en muchos países europeos. Los observadores y los sondeos indican que los partidos de derecha podrían dar un paso importante en las elecciones europeas del próximo mes.

En la actualidad, los partidos de extrema derecha clásicos rara vez desempeñan una función determinante, pero los populistas recuperan sus votos. Cuando los politólogos hablan de movimientos populistas, se refieren a partidos que se erigen como alternativa a un poder establecido que no tiene en cuenta la voluntad del pueblo.

El populismo puede adoptar diversas formas: los populistas de derecha quieren una sociedad homogénea sin extranjeros. Los de izquierda, rechazan el capitalismo. Y los que se denominan populistas de centro quieren luchar contra una élite que perciben como corrupta: ideológicamente, no se posicionan demasiado a la derecha ni demasiado a la izquierda, una división que además rechazan incluso por completo.

La red European Data Journalism Network ha analizado más en detalle la evolución de los partidos antisistema en los 28 Estados miembros. El punto de partida del estudio son sus resultados en las elecciones legislativas de los dos últimos decenios. La clasificación se basa en la investigación The PopuList , iniciada el año pasado por el periódico británico «The Guardian» y en cuya elaboración han participado más de 30 politólogos.

En algunos países de Europa del Norte y del Oeste, los populistas de derecha forman parte integrante del sistema de los partidos, ya sea el Partido Popular Danés, el FPÖ que pertenece a la coalición gubernamental en Austria o el Partido de la Libertad de Geert Wilders en Países Bajos. A primera vista, las intenciones de votos para la Agrupación Nacional (sucesora del Frente Nacional) parecen relativamente modestas, pero su presidenta Marine Le Pen logró colarse en la segunda vuelta de las elecciones presidenciales en 2017.  

En Finlandia, el partido de derecha de los Verdaderos Finlandeses influye en la vida política del país y casi ha igualado su resultado de hace cuatro años en las elecciones que acaban de celebrarse. En el país vecino, los Demócratas de Suecia crecen cada vez más desde hace años e, incluso en Alemania, la formación AfD podría instalarse de forma permanente en la escena política. Y en Bélgica, donde las elecciones legislativas tienen lugar al mismo tiempo que las europeas, se anuncia un regreso del Vlaams Belang separatista.

Tanto los populismos de derecha como de izquierda a menudo van de la mano de una crítica a la Unión Europea. Se rechaza la integración al menos en parte, sobre todo la creciente convergencia y la transferencia de competencias nacionales a la Unión.  

Pero los partidos populistas no son los únicos euroescépticos: si bien el Partido Conservador que gobierna Reino Unido contribuyó a la salida del país de la UE, los politólogos no lo consideran un partido populista.

En el sur de Europa, el populismo es sobre todo de izquierda. En Grecia, el partido Syriza ganó mucho terreno desde el inicio de la crisis de la deuda en 2010 e incluso forma parte de la coalición gubernamental desde 2015. En España, el partido de protesta de izquierda Podemos se fundó en 2014, tras la crisis financiera. Y en Portugal, la CDU (Coalición Democrática Unitaria, una alianza entre el Partido Comunista y los Verdes) y el Bloque de Izquierda marxista cuentan sistemáticamente con representantes en el Parlamento desde hace veinte años.

En Italia, el partido radical de derecha Lega Nord ha tenido un gran éxito en los últimos años. El país cuenta también con una fuerte tradición de populismo centrista: el Pueblo de la Libertad de Silvio Berlusconi (sucesor de Forza Italia) es un partido de derecha liberal-conservador, mientras que el Movimiento Cinco Estrellas, un partido ni de izquierda ni de derecha creado en 2009, accedió al Gobierno el año pasado.

No obstante, el populismo centrista se encuentra presente sobre todo en los países del este y del sudeste de Europa. En Bulgaria, por ejemplo, el partido populista-conservador GERB es la principal fuerza política del Parlamento desde hace 10 años y los primeros ministros a menudo han salido de sus filas. En República Checa, el movimiento populista centrista ANO ocupa el poder desde hace 5 años.

Para la Unión Europea, los partidos populistas de derecha más molestos son aquellos que han tomado las riendas del poder en Hungría y Polonia. En Budapest, el partido Fidesz de Viktor Orbán domina el paisaje político desde hace varios años y, en Polonia, Derecho y Justicia (PiS) de Jarosław Kaczyński ha ganado las elecciones en dos ocasiones (en 2005 y en 2015).

Dicho esto, los populistas no gozan del mismo éxito en toda Europa. En Malta, por ejemplo, ningún partido populista ha logrado un resultado electoral significativo en los últimos veinte años. En Reino Unido, Luxemburgo y Eslovenia, los votos obtenidos por partidos populistas siguen siendo bastante moderados, mientras que en Lituania y en Rumanía tienden a la baja.

Por consiguiente, en Europa coexisten modelos diferentes. Sin embargo, la politóloga Sara Engler, que dirige varias investigaciones sobre el populismo en la Universidad de Zúrich, así como en el Instituto de Investigación de Estudios Democráticos de Aarau, y que ha participado activamente en el proyecto The PopuList, sostiene que el populismo es un fenómeno omnipresente en Europa.

De hecho, afirma que existen varios factores que explican el éxito de los partidos populistas: «Los populistas de derecha atraen a los excluidos de la globalización que no se han beneficiado de la apertura económica y cultural y que esperan que el proteccionismo y las fronteras cerradas les ofrezcan un futuro más próspero».

Los escándalos de corrupción de los países de Europa del Sur y del Este han hecho que los electores sean más receptivos a los eslóganes populistas antisistema. «Por último, en muchos países, los partidos tradicionales ya no cuentan con un electorado fiel, lo que constituye una oportunidad para los nuevos partidos».

Los populistas exigen que los políticos actúen en el interés del pueblo, algo que a priori parece razonable. Al fin y al cabo, ¿no es la función de nuestros representantes? Pero, tal y como explica Engler, el populismo va más allá: «Supone la existencia de una voluntad unificada del pueblo, a la que deben estar subordinados los elementos fundamentales del principio de la democracia liberal, como el pluralismo y la protección de las minorías».

Continúa explicando que, en algunos países, los populistas ponen en tela de juicio abiertamente la separación de los poderes: «Por ejemplo, en Polonia, el Gobierno de Derecho y Justicia (PiS) influye cada vez más en el sistema judicial, basándose en la premisa de que el ejecutivo sabe lo que el pueblo espera de su sistema judicial».

 

¿De dónde proceden nuestros datos?

Los resultados electorales se han obtenido de ParlGov, una base de datos desarrollada por politólogos de la Universidad de Bremen y que recopila datos sobre las elecciones, los partidos y las composiciones de los Gobiernos de todo el mundo. La clasificación de los partidos de la categoría “populista” se realizó en el marco de la iniciativa The PopuList, fruto de la colaboración entre el diario británico The Guardian y numerosos investigadores de ciencias políticas, con el apoyo del Instituto de Investigación de Ciencias Sociales de Ámsterdam y del Grupo de investigación sobre el extremismo y la democracia del Consorcio Europeo de Investigación Política (CERP).

La red European Data Journalism Network ha analizado los resultados de las elecciones y los ha completado con los escrutinios más recientes en Estonia, Finlandia y España y que no estaban incluidos en los datos de ParlGov. Por último, los resultados se han comparado con las categorías del populismo utilizadas en The PopuList. Puede encontrar el conjunto de datos y la documentación detallada sobre el procedimiento utilizado en GitHub .

¿Qué elecciones se incluyen en el estudio?

El estudio incluye todas las elecciones legislativas que han tenido lugar en los 28 Estados miembros entre 1998 y el 26 de mayo de 2019. En el caso de los países que disponen de un Parlamento bicameral, solo se han utilizado los resultados de la cámara baja. Los resultados presentados para las elecciones que acaban de celebrarse en España y en Finlandia son provisionales.

En algunos casos aislados, se han podido excluir los bajos resultados que han obtenido los partidos populistas, ya que ParlGov muestra únicamente los resultados que superan un cierto umbral.

¿Qué partidos se han incluido?

The PopuList incluye todos los partidos europeos que responden a la definición de “populista” que van de la extrema derecha a la extrema izquierda, pasando por los partidos euroescépticos, y que hayan obtenido al menos un 2 % de los votos en elecciones legislativas organizadas después de 1988.

La lista completa de los partidos que cumplen estos criterios se encuentra disponible aquí, en formato PDF . El análisis expuesto en este artículo se basa en la versión con fecha del 11 de febrero de 2019.

Si un partido clasificado como populista en The PopuList ha formado una alianza con uno o varios partidos de otro tipo, el análisis presentado anteriormente se basa en una parte proporcionalmente reducida de los votos.

¿Qué criterios se aplican para clasificar los partidos como populistas?

The PopuList basa su categorización en cuatro definiciones desarrolladas en ciencias políticas:

  • Los partidos se califican como populistas cuando defienden la idea de una oposición en la sociedad entre “los ciudadanos normales” y “la élite corrupta”. Por extensión, defienden la idea de que la política debería expresar la voluntad general del pueblo.
  • Se considera que los partidos pertenecen a la extrema derecha cuando anteponen la idea de que solo deben vivir en el país sus ciudadanos y que los extranjeros suponen una amenaza para el Estado-nación homogéneo. Defienden la idea de una sociedad rigurosamente organizada y que se castigue la desobediencia a las autoridades.
  • Se considera que los partidos pertenecen a la extrema izquierda cuando rechazan el capitalismo y las estructuras socioeconómicas que se derivan del mismo. Abogan por un sistema económico y político alternativo, así como por una redistribución global de las riquezas.
  • Los partidos se consideran euroescépticos si rechazan total o completamente la integración europea. Entre los partidos euroescépticos, se observan dos tendencias: por una parte, los partidos “duros” que denuncian la pertenencia a la UE, así como cualquier forma de integración política y económica a escala europea y, por otra, los partidos “flexibles” que solo rechazan algunas políticas europeas y se centran en el interés nacional.
  • Los partidos se han clasificado según estas definiciones tras consultarlo con politólogos y especialistas nacionales. En algunos casos, algunos partidos han podido ser populistas temporalmente.

Puede encontrar aquí, una explicación de la metodología que ha aplicado The Guardian

26 abril 2019

Autor/es:

Marcel Pauly

Fuente/s:

Spiegel Online

Translation by:

Sara Fernández | VoxEurop
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