El desafío verde de las ciudades europeas

El control de emisiones de CO2 y la creación de espacios urbanos habitables es un desafío para el futuro de la UE.

Entre el 21 y el 25 de mayo se celebró la Green Week en la UE, con el tema de discusión “Green Cities for a Greener Future”, puesto que el 70% de los ciudadanos europeos viven en espacios urbanos. Con dicha ocasión la UE ha adoptado nuevas y ambiciosas normas respecto a la gestión de residuos urbanos, estableciéndose el objetivo de que el 55% de todos los residuos urbanos se reciclarán en 2025, el 60% en 2030 y el 65% en 2035. Otro objetivo es garantizar que solo el 10% o menos de los residuos municipales llegue al vertedero en 2035. Igualmente, la colecta separada de biorresiduos se convertirá en obligatoria para 2023. También se ha creado la herramienta Ciudad verde para la planificación urbana sostenible.

Precisamente Nimega, premiada como la capital verde de Europa en 2018, se ha propuesto como objetivo claro la implicación de los ciudadanos y los empresarios en que la ciudad sea saludable, con objetivos como convertirse en “energy neutral” en 2045 y “climate proof” en 2050: En este sentido ha establecido un mapa de participación que muestra los proyectos llevados a cabo por ciudadanos en el espacio urbano. Dichos proyectos son especificados en un mapa de participación .

En este contexto se enmarca el indicador de infraestructura urbana verde desarrollado por la Agencia Europea del Medio Ambiente, que se basa en diferentes criterios, como la proporción de áreas urbanas verdes, su distribución, la infraestructura verde efectiva, la competencia por el espacio en la interfaz urbano-rural, la tipología de infraestructura verde de las ciudades, y la hoja informativa específica de las infraestructuras verdes de las ciudades, que contiene variada información. Según datos de Eurostat, el porcentaje de poblacion urbana europea afectada por problemas medioambientales difiere en gran medida según los países:

El índice europeo de calidad del aire en la atmósfera es otro indicativo importante del nivel de contaminación en las ciudades y de calidad del aire que disfrutan sus ciudadanos; un indicador que la UE utiliza como referente para premiar o no a las ciudades que cumplen con el mismo. En este punto resultan significativas las diferencias entre los registros de la UE y los estándares manejados por la Organización Mundial de la Salud.