El calentamiento global en Europa de municipio en municipio

En los últimos cincuenta años, las temperaturas han aumentado más de 2 °C en más de 35 000 municipios europeos. En Europa, ya se trate de grandes ciudades o de pequeños pueblos, ningún recoveco se libra de la crisis climática. Sin embargo, los ciudadanos están alzando la voz y aquellos al poder finalmente están tomando medidas.

Babin Zub, Serbia (photo: Marco Verch/Flickr  – CC BY 2.0 )

Esta información sobre más de 100.000 municipios europeos recopilada en los últimos cincuenta años confirma que el continente se está calentando en todas sus latitudes. En un tercio de estos municipios, la temperatura media ha aumentado más de 2 °C entre 1960 y la última década, con una diferencia de hasta 5 °C en ciertas zonas. La temperatura media ha disminuido en 73 de las 102 445 áreas, aunque el cambio ha sido de tan solo unas décimas.

Información completa

La integralidad de los datos para cada municipio puede consultarse aquí. Pronto se abrirá el acceso a una interfaz que facilitará la navegación.

Dos tercios de las provincias europeas han experimentado aumentos de temperatura de entre 1,5 y 2,5 °C (el término «provincias» se refiere a las regiones NUTS-3). Estos son los valores medios para décadas completas, por lo que las cifras pequeñas pueden encerrar variaciones anuales o de temporada más significativas. Estas estimaciones provienen del programa de la Unión Europea Copernicus, cuyo objetivo es armonizar los datos a través del tiempo y las fronteras y además realizar estimaciones para rellenar cualquier laguna.

 

Si bien es evidente que el calentamiento global no ha impactado a todos los municipios por igual, los 35 países analizados (excepto Malta) presentan por lo menos un municipio en el que la temperatura media ha aumentado más de 2 °C en los últimos cincuenta años. Asimismo, 23 países cuentan con por lo menos un municipio en el que el aumento ha excedido los 3 °C.

Las capitales del calentamiento global

Los factores causantes de estos aumentos son diversos, se dan en varios niveles e interactúan de manera compleja. Por ello, no existe una explicación común para este fenómeno en los 100 000 municipios. Sin embargo, se pueden observar elementos recurrentes. Por ejemplo, en cada país (sobre todo en Europa Central y del Este), las capitales o sus alrededores suelen formar parte de los municipios donde las temperaturas han aumentado más. Este es el caso tanto de Tallin y Belgrado como de Riga y Budapest, siendo estas dos últimas las capitales que más se han calentado, según nuestros datos.

 

Las zonas cercanas a grandes aeropuertos también encabezan la lista. Este es el caso de los municipios con el mayor aumento de temperatura, en particular Reykjanesbær, próximo al aeropuerto internacional de Islandia, con una popularidad creciente. El aumento estimado para este municipio es de nada más y nada menos que 5,8 °C en tan solo unas décadas.

Según datos de Copernicus, las temperaturas han aumentado 4 °C en Budapest. Los meteorólogos húngaros estiman que la variación real ha sido un poco menor, pero no cabe duda de que la llanura panónica se ha calentado con mayor rapidez que la media europea, lo que la hace más susceptible a sequías y olas de calor. La capital húngara también se está enfrentando a serios problemas vinculados a las islas de calor, así como a emisiones causadas por el tráfico de carretera y por sistemas domésticos de calefacción y aire acondicionado. «El asfalto y los coches se encuentran por doquier. Algunos distritos no albergan más que un metro cuadrado de zonas verdes por habitante. Con el paso de los años, muchas áreas verdes se han transformado en aparcamientos, centros comerciales y carreteras extendidas debido a la especulación inmobiliaria», afirma András Lukács, presidente de la ONG ambientalista Levegő Munkacsoport. «Fuera del centro de la ciudad, muchos siguen usando madera o lignito para calentar sus hogares en invierno y continúan quemando sus desechos».

Un cambio en el horizonte

Las campañas ambientales dependen fuertemente del contexto político. Desde la inesperada victoria de Gergely Karácsony, miembro del partido ecologista húngaro, en octubre de 2019, Budapest goza de un alcalde que se preocupa por el medio ambiente. La ciudad se ha declarado en estado de emergencia ambiental y está desarrollando una estrategia para eliminar emisiones dañinas que involucra una mayor eficiencia energética, un incremento de las zonas verdes y una disminución del tránsito vial.

Péter Vigh, director de Másfél fok, un proyecto de sensibilización y agencia de información centrados en las cuestiones climáticas, sostiene que el pueblo húngaro se está volviendo cada vez más sensible respecto al cambio climático hasta el punto de que los políticos se están sintiendo obligados a actuar. «En septiembre de 2019, cerca de 8000 personas participaron en la Huelga Mundial por el Clima en Budapest, lo cual fue estupendo. En noviembre logramos concienciar sobre la consulta nacional exigida por el reglamento de la UE sobre la estrategia a largo plazo para la reducción de emisiones. Esta consulta se volvió viral y se convirtió en un firme discurso: incluso el Banco Central promueve una recuperación verde poscovid. El gobierno de Orbán continúa implementando muy pocas medidas en lo respectivo a la acción por el clima, pero podría responder ante la creciente presión de los de abajo, así como ante los incentivos financieros que la UE puso a disposición».

Los ambientalistas también están notando cambios en la esfera política de Liverpool, otra gran ciudad europea donde las temperaturas han aumentado más en los últimos años. Frank Kennedy, militante de la red Amigos de la Tierra, afirma que «a los políticos y empresarios se les ha hecho más difícil ignorarnos. Ahora reconocen la evidencia científica, por lo menos bajo palabra. Durante décadas, el discurso ha girado en torno al crecimiento económico, y nosotros hemos aceptado atraer inversiones a todo precio».

Valles enverdecidos

En algunos países europeos, los municipios con los aumentos de temperatura más acelerados son en realidad localidades pequeñas y por lo general aisladas. Algunos ejemplos son Llívia, en España, y Monor, en Rumanía. En este caso, el problema no yace en las actividades humanas, las islas de calor, el tráfico ni la industria, sino en su geografía, que ocasiona que el calentamiento global se sienta más; por ejemplo, la conformación del territorio o la altitud. Algunas causas similares parecen desempañar un papel en provincias y municipios europeos menos afectados por el calentamiento global, en particular aquellos a lo largo de las costas andaluzas, el mar Egeo y los Alpes franceses.

Sin contar el caso extremo de Islandia, Noruega central alberga ocho de los diez municipios europeos con el mayor aumento de temperatura. Se trata de zonas habitadas por apenas unos cuantos miles de personas y localizadas en valles verdes y apacibles. De hecho, estos valles se están enverdeciendo, pues, mientras que en los años 60 la temperatura media anual de estos municipios estaba bien por debajo de cero, ahora ha superado los 0 °C.

Markus Refsdal, representante del condado de Innlandet para la organización juvenil ambientalista Natur og Ungdom, lo confirma: «El clima es cada vez más impredecible. En verano hemos empezado a ver largos periodos de sequía seguidos de fuertes tormentas. Cuando mi abuela era joven, podía patinar en invierno a través del lago más grande de Noruega, mientras que yo nunca tuve esa oportunidad». Los estudios meteorológicos muestran que los inviernos se están acortando y que las nevadas están escaseando. Por ende, se especula que las reservas de agua y las centrales hidroeléctricas, las principales fuentes de energía en Noruega, sufrirán un impacto significativo.

Desde Noruega hasta Bulgaria y desde Hungría hasta Inglaterra, los datos muestran que el cambio climático se ha vuelto tangible en muchos rincones de Europa. Ya no solo se trata del calentamiento global, sino también del local. El periodismo, la participación ciudadana y la respuesta política solo serán efectivas si logran conectar ambos niveles: uno relativo a la experiencia diaria de una comunidad y otro que afecta a Europa y al mundo entero (y que requiere la adopción de iniciativas políticas adecuadas).

Metodología

La fuente de datos empleada es el nuevo análisis regional de un solo nivel del proyecto UERRA para Europa desde 1961 hasta 2018, creado por Copernicus y el Centro Europeo de Previsiones Meteorológicas a Plazo Medio (ECMWF). El análisis provee estimados de temperaturas medidas a dos metros de la superficie y los datos abarcan una cuadrícula con celdas de 5,5 x 5,5 km de área.

Con el fin de obtener las temperaturas medias de las dos décadas estudiadas (1961-1970 y 2009-2018), trabajamos con los datos brutos, lo que nos permitiría calcular el valor de las variaciones de temperatura. Así se procedió con cada celda. A cada una se le asoció un municipio europeo según su densidad urbana y la forma de la costa. Para más información, consulta esta nota metodológica.

This article was updated on 4 August 2020, expanding the details on methodology for more clarity.