El no-empleo: otro indicador para el mercado laboral

La tasa de paro tal como es calculada da una visión incompleta de la situación del mercado laboral y dificulta la comparación entre los diferentes países. Para tener una imagen más fiel, hay que tomar en cuenta la tasa de no-empleo.

La tasa de paro da una visión incompleta de la situación del mercado de trabajo. Además, este indicador es difícil de comparar de un país a otro si se tienen en cuenta los contextos institucionales tan diferentes. Según la definición de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), un desempleado es una persona en edad de trabajar y que se encuentra simultáneamente sin empleo (es decir, que no ha trabajado ni una sola hora durante la semana de referencia), disponible para tomar un empleo en los próximos quince días, y que ha buscado activamente un empleo durante el último mes. De esta manera, muchas personas quedan fuera de los radares estadísticos oficiales, porque no corresponden a estos criterios tan estrictos.

Para completar la tasa de paro, nosotros proponemos la tasa de no-empleo. Este indicador, calculado en base a los datos que provee cada trimestre la encuesta de fuerza laboral de Eurostat, permite dar una idea general de cuántas personas no tienen empleo en una franja de edad determinada. Lo que engloba a la vez a los que están en paro, en el sentido estricto de la definición, y a las personas llamadas “inactivas”, porque no están buscando empleo.

La tasa de paro clásica se calcula según la población llamada “activa” (que ha buscado o busca un empleo) cuya edad es de 15 a 65 años, pero nosotros no hemos retenido la misma franja de edad para el cálculo de la tasa de no-empleo: solo hemos calculado en la franja de 25 a 59 años. La edad mínima considerada como aceptable para la jubilación es objeto de debate entre los diferentes países de la Unión Europea, pero más o menos en todos lados existen buenas razones para que las personas de 60 años o más ya no tengan empleo, principalmente debido a la penuria de las tareas efectuadas en el pasado o incluso porque comienzan a trabajar a temprana edad.

De igual manera, antes de los 25 años, es común en muchos países que una mayoría de jóvenes no tengan un empleo sino que estén en formación inicial, y, aunque también es indispensable que los menores de 25 años puedan encontrar un empleo más fácilmente, hoy no es el caso en varios Estados de la Unión. Por otro lado, el objetivo que debería lograr consenso en nuestras sociedades es que las economías puedan ofrecer cada vez más la posibilidad de emplear a todas las personas de entre 25 y 60 años, que son las que constituyen en todos lados el corazón de la población en edad activa. Por esta razón, hemos elegido concentrarnos en esta franja de edad para calcular el índice de no-empleo: que da una mejor idea de la contribución a la economía de cada país que si tomamos en cuenta solo la tasa de paro de la población de 15 a 65 años de edad.

Finalmente, los empleos tienen duraciones de trabajo muy variables, principalmente en razón de las proporciones y duraciones de los tiempos parciales, que son muy diferentes de un país a otro, volviendo difíciles, y a veces engañosas, las comparaciones que solo toman en cuenta el número de empleos disponibles. Además, el tiempo parcial que afecta a todas las categorías impacta mayoritariamente a las mujeres, y genera desigualdades entre hombres y mujeres en el mercado laboral y el desarrollo de la pobreza laboral. Esta es la razón por la que hemos elegido corregir la tasa de no-empleo bruta, obtenida cuando descontamos únicamente a las personas sin empleo, tomando en cuenta solo el trabajo a tiempo parcial y no la prorrata de la duración de trabajo a tiempo completo que representa en cada país.

Si observamos la evolución de este indicador desde el inicio de los años 2000, constatamos sin sorpresa que descendió significativamente hasta 2008 pasando de 34% a 30% tanto en la Unión Europea como en la zona euro. Después estuvo subiendo hasta 2015 con las crisis de 2008 y la de la zona euro, sin volver a los niveles de los años 2000. Desde entonces, permanece a la baja, pero la diferencia se acentúa entre la zona euro, que todavía no ha vuelto a su nivel previo a la crisis, y la Unión, en donde ya ha pasado por debajo.

Si comparamos las evoluciones de las tasas de no-empleo brutas (sin tomar en cuenta el tiempo parcial) o en equivalente de tiempo completo (corrigiendo los efectos del tiempo parcial), constatamos que la segunda tasa es, como era de prever, superior a la primera de 6 a 7 puntos, pero mientras que la diferencia es casi estable en la Unión, ésta aumenta sensiblemente en la zona euro a causa de un uso creciente de los empleos de tiempo parcial en la países de la zona.

Si ahora comparamos la tasa de no-empleo en equivalente de tiempo completo y la tasa de paro clásica, constatamos que los perfiles de las curvas son similares, pero que los niveles son muy diferentes. Mientras que la tasa de paro está alrededor del 10%, la tasa de no-empleo en equivalente de tiempo completo se sitúa más allá del 30%: tanto en la Unión como la zona euro, 1 de cada 3 personas de 25 a 59 años de edad no ocupa un empleo si solo tomamos en cuenta los empleos a tiempo parcial prorrateados según su duración. No obstante, la diferencia entre la tasa de no-empleo y la tasa de paro se ha reducido un poco desde el inicio de los años 2000: la diferencia ha pasado de 25 puntos a 21 en la Unión, y de 24 a 22 en la zona euro. Un efecto del alza de las tasas de actividad y de empleo de las mujeres.

Es sobre todo cuando estudiamos esta tasa de no-empleo en equivalente de tiempo completo según el género de la población, como obtenemos los resultados con más diferencia respecto a la tasa de paro clásica. La tasa de no-empleo de las mujeres de 25 a 60 años es de 38,2% en la Unión y de 40,8% en la zona euro, dos veces mayor que la tasa masculina. Esta diferencia se reduce significativamente desde el inicio de los años 2000 con una tasa de inactividad que recula 8 puntos. Esta tasa se estabilizó durante la crisis, entre 2008 y 2015, pero ha seguido disminuyendo desde entonces.

Por el contrario, del lado de los hombres, la situación es muy diferente en la Unión y en la zona euro. En la Unión como conjunto, la tasa de no-empleo de los hombres de 25 a 59 años de edad se eleva a 19% y se mantiene al doble de la tasa de paro; aun así, está casi en su nivel de antes de la crisis. Esto no es el caso de la zona euro: se sitúa en el 20,5%, estando más de 3 puntos por encima de su nivel de 2008. En términos de no-empleo, son sobre todo los hombres los que han sido víctimas de la crisis y ésta todavía está lejos de haber terminado.

Hasta aquí, nos hemos interesado en el no-empleo en el conjunto de la Unión y de la zona euro, pero si estudiamos este indicador país por país, obtenemos resultados muy diferentes. Hoy, en el seno de la Unión, el país en el que el no-empleo está más limitado es la República Checa, donde la tasa es de “solo” 16%. Y en lo alto de la clasificación se encuentran a la vez la casi totalidad de Europa central y del este y los cuatro países nórdicos. Es de notar la situación particular de Portugal, único país del sur de Europa que figura en la parte alta de la clasificación. Al contrario, y sin sorpresa, la parte baja de la clasificación está ocupada por Grecia, Italia y España. Pero también, inesperadamente, por Irlanda y los Países Bajos.

Esto se debe particularmente a la frecuencia del uso de los tiempos parciales en estos países, que hace que en los Países Bajos, especialmente, la diferencia entre la tasa de no-empleo bruta y en equivalente de tiempo completo sea de 17 puntos. Esta diferencia también sobrepasa los 10 puntos en Austria, Suiza y Alemania. Por causa del poco uso de los tiempos parciales  y su duración más bien prolongada, la tasa de no-empleo en equivalente de tiempo completo es por lo tanto inferior en Francia que en el Reino Unido o en Alemania, contrariamente a lo que se podría pensar si solo observamos la tasa de desempleo.

Como todo índice, esta tasa de no-empleo en equivalente de tiempo completo presenta, por supuesto, límites e insuficiencias, pero también provee un enfoque complementario útil, y en ciertos aspectos más sólido, comparado con la tasa de paro generalmente utilizada como único indicador para apreciar la situación de los mercados laborales y de su evolución.